jueves, 25 de marzo de 2010

El feminismo en la currícula universitaria

Patricia Castro Fuentes
Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos y Arqueológicos
Universidad de El Salvador

En estos momentos, una acción impostergable es la incorporación de los estudios feministas al currículo universitario. Con esta nueva mirada dentro de la academia, la producción del conocimiento y las nuevas formas de aprehensión de la realidad permitirán a partir de esas dos dimensiones, contribuir a la construcción de una sociedad más justa para mujeres y hombres.

Al reconocer que lo racional, entendiendo con ello, que la visión androcentrica del conocimiento ha primado sobre cualquier otra forma de conocimiento y han sido los hombres quienes han tenido más oportunidades de poseerlo, el feminismo nos ofrece más que una nueva mirada, una oportunidad de explorar las realidades desde otros ángulos y orientar el conocimiento hacia otros sectores de la población que han estado excluidos e invisivilizados por los efectos del patriarcado.

Pero con todo y las oportunidades que el feminismo nos ofrece desde los espacios académicos, con todo y las contribuciones que se pueden hacer desde esa manera de ver el mundo en la producción del conocimiento; las barreras que el mundo androcéntrico nos impone son un tremendo desgaste.

Hoy por hoy tenemos que luchar con nuestros colegas hombres especialmente, pero también con muchas colegas mujeres que no han entendido todavía que el feminismo es científico y que aún piensan que es solo una cuestión “subjetiva” producto de los cafés que compartimos las académicas en nuestros espacios libres.

Para lograr cambiar esos patrones tradicionales de producir y entender el conocimiento, hay que promover, a partir la Política de Género de la cual nos ha dotado la Universidad El Salvador, acciones que hagan realidad esa ruptura de los paradigmas tradicionales de conocimiento y ofrezcan propuestas que impulsen la investigación feminista y la incorporación de asignaturas dentro del pénsum de las carreras universitarias que generen y fortalezcan los estudios sobre las mujeres y para las mujeres; que genere nuevas formas de interpretar las realidades y reconozca que la otra mitad de la población tiene intereses y necesidades diferentes.

Pero lo anterior pasa por reconocer que el sistema educativo actual es un espacio de poder patriarcal que reproduce y legitima los roles tradicionales asignados culturalmente a mujeres y hombres y que por tanto genera marginación y exclusión.

Por ello, incorporar los estudios feministas de manera formal dentro del currículo universitario y articularlos a la investigación y la proyección social son una forma de concretar los tan anhelados cambios que muchas mujeres a través de la historia han impulsado.

Es gracias a esos cambios, que ahora nosotras podemos estar en espacios de reflexión y debate académico en el que no solo se produzca nuevo conocimiento sino que provoque en las nuevas generaciones de jóvenes que pasan por las aulas universitarias, las mismas inquietudes, compromisos y responsabilidades por realizar estudios e investigaciones que cambien concepciones tradicionales de ver el mundo.

Pero para solidificar lo anterior, es necesaria una revisión del currículo universitario que descubra y ponga en entredicho los sesgos del sexismo en los espacios académicos tanto en el currículo explícito como en el oculto.

Hay que llevar a discusión la forma en que se enseña y cómo se enseña. A partir del feminismo, hay que mostrar una forma diferente de pensar y hacer ciencia, así como reconocer, valorar y emerger nuevas realidades donde las mujeres somos también protagonistas.

Tomando en cuenta que el espacio educativo nos ofrece una oportunidad invaluable para deconstruir patrones y roles tradicionalmente aprendidos, también es el espacio ideal para construir sobre bases democráticas, sueños e ideales que podamos concretar en la práctica diaria de nuestras realidades académicas, laborales y personales.

En ese sentido, para las universidades es un reto incorporar el feminismo dentro de su quehacer y propiciar a partir de ahí, los espacios adecuados para construir una sociedad más justa.

Pero todo lo anterior pasa por no olvidar que la sociedad cambia constantemente y demanda que los diferentes ámbitos que la integran se sumen a esa dinámica.

Por ello las universidades deben sumarse a ese cambio, a esos procesos de continua transformación. Ya no es posible enseñar como se enseñaba hace tres décadas, no es posible que en pleno siglo XXI se siga estereotipando a las mujeres y se siga contribuyendo a que los roles de género signifiquen menos oportunidades para las alumnas, docentes e investigadoras y que las universidades no hagan nada por transformar esa realidad.

Las universidades, si bien son el espacio donde se pueden hacer cambios sustanciales para superar esas ataduras del patriarcado, son hasta hoy las reproductoras de las concepciones androcentricas que mantienen conductas sexistas, y donde muy pocas académicas, en relación a los hombres, hacen investigación y se involucran muy poco en las campañas de acceso a puestos de dirección.

Es entonces una responsabilidad, de las universidades hacer los cambios necesarios e impulsar nuevos paradigmas de aprendizaje y de hacer ciencia.

En ese sentido, la UES ha ido incorporando elementos que contribuyen a eliminar prácticas patriarcales. La más significativa de ellas ha sido la creación del Centro de Estudios de Género en el año 2004, bajo la administración de la primera mujer Rectora de la UES, la Doctora María Isabel Rodríguez, quien es en este momento la primera mujer Ministra de Salud en El Salvador.

En sus primero años, el CEG-UES, conducido por la Maestra Fidelina Martínez Castro, logró que se aprobara la Política de Equidad de Género en la UES, en mayo de 2007.

A partir de ahí, vinieron diferentes estrategias de sensibilización que buscaban y buscan llegar al profesorado y al alumnado. Ahora, con la Licenciada Adela Marlene Lozano Martínez al frente del CEG-UES, no cabe duda que hay nuevos retos y que algunos esfuerzos se siguen manteniendo. Con lo cual, las diferentes alianzas que el CEG-UES mantiene con otras instancias universitarias y organizaciones de mujeres le han permitido realizar actividades más sistemáticas como diplomados, talleres y otras acciones que han permitido ir permeando a las autoridades y comunidad universitaria.

Así mismo, para evidenciar la discriminación de la cual son objeto las mujeres en al ámbito universitario y en la sociedad en general; y concretar acciones que lleven al cambio de los paradigmas, son necesarios esfuerzos que modifiquen las prácticas que hoy por hoy están reproduciendo el sistema patriarcal.

Ejemplos de lo anterior son las materias que se han incorporado a las mallas curriculares de algunas carreras dentro de la UES, como el módulo de “Género, mujer y salud” de la Licenciatura en Educación Materno Infantil, de la Facultad de Medicina, la materia de “Filosofía y Género” en la Licenciatura en Filosofía, la materia “Familia” de la Licenciatura en Sociología y la próxima incorporación de la materia “Feminismo y Antropología” en la Licenciatura de Antropología Sociocultural, estas últimas, todas de la Facultad de Ciencias y Humanidades.

Al incluir la perspectiva feminista en estas materias, se incorpora un marco conceptual que analiza de manera crítica las relaciones tradicionales entre mujeres y hombres, cuestiona la construcción social y busca nuevas formas de pensar y repensar el quehacer educativo y sus implicaciones en la sociedad.

Tomando en cuenta, claro está, que el feminismo envuelve el compromiso y la responsabilidad que lleva implícita una práctica social que transforma la vida de las mujeres y por consiguiente provoca la equidad de género.

Pero además el feminismo en los espacios académicos permite analizar la práctica docente, la investigación y los espacios administrativos de poder donde por siglos ha predominado el androcentrimo y como tal ha calado tan hondo que hoy por hoy esas prácticas parecen lo normal en el ámbito universitario.